Bonnie Tyler falleció durante la noche del 7 al 8 de julio en un hospital de Faro, Portugal. Llegó al mundo junto al mar de Swansea, en Gales, y se despidió a orillas del Atlántico, en ese Portugal que tanto amó y donde había elegido vivir desde hacía muchos años. Todo ocurrió de forma repentina e inesperada. En los próximos meses tenía previsto emprender una gira europea.
Tenía 75 años. Permanecía ingresada desde principios de mayo tras una operación de urgencia por una perforación intestinal provocada por la rotura del apéndice. El empeoramiento de su estado obligó a inducirle un coma farmacológico y, después de varias semanas en cuidados intensivos, nunca logró recuperarse por completo.
A su lado estuvo hasta el final su marido, Robert Sullivan, ex campeón británico de judo. Se casaron cuando Bonnie tenía veintiséis años y compartieron más de medio siglo de vida juntos.
Una voz nacida por accidente
Aquella voz nunca estuvo en sus planes. Con veintiséis años, los médicos detectaron unos nódulos en sus cuerdas vocales que obligaban a una intervención quirúrgica. La operación debía devolverle un timbre limpio y claro. Ocurrió exactamente lo contrario.
Le dejó esa aspereza inconfundible que acabaría convirtiéndose en su sello personal, más reconocible incluso que muchas de las melodías que interpretó. La primera canción que grabó con aquella nueva voz fue It's a Heartache, que en 1977 la llevó directamente a las listas de éxitos de medio mundo y, un año después, al escenario del Festival de San Remo. En el pop elegante de finales de los setenta, aquella grieta en la voz parecía casi un error. Fue precisamente lo que hizo que el público jamás la olvidara.
Cuando el pop se convirtió en teatro
El gran salto llegó en 1983 con Total Eclipse of the Heart, escrita y producida por Jim Steinman, el hombre detrás de la grandiosidad sinfónica de Bat Out of Hell, de Meat Loaf. En la grabación participaron además dos músicos de la E Street Band de Bruce Springsteen: Roy Bittan al piano y Max Weinberg a la batería. Ese detalle explica mejor que cualquier crítica por qué aquella canción suena más a un pequeño drama teatral que a un simple éxito de pop.
La versión original dura siete minutos antes de ser recortada para la radio. El videoclip, rodado en un antiguo hospital psiquiátrico inglés, añadió la atmósfera gótica que la letra apenas insinuaba. El álbum que la incluía, Faster Than the Speed of Night, debutó directamente en el número uno del Reino Unido, convirtiendo a Bonnie Tyler en la primera artista británica en lograrlo. Después llegó el número uno en la Billboard Hot 100 estadounidense, un hito que ninguna otra cantante galesa había conseguido, además de dos nominaciones a los premios Grammy.
Más tarde llegaría Holding Out for a Hero, otra colaboración con Steinman para la banda sonora de Footloose. Exagerada, épica y absolutamente ochentera. Acabaría siendo triple disco de platino y, veinte años después, conquistaría a una nueva generación cuando Jennifer Saunders la interpretó como el Hada Madrina en Shrek 2.
Una canción que ya no necesita a quien la canta
Hay voces que terminan representando toda una década hasta convertirse en su banda sonora oficial, incluso para quienes nunca la vivieron. La de Bonnie Tyler es una de ellas. Bastan los primeros compases de Total Eclipse of the Heart, ya sea en una boda, en un karaoke o en una serie de televisión, para que cualquiera la reconozca al instante, también quienes nacieron muchos años después de su publicación.
A diferencia de tantos artistas que han pasado media vida intentando escapar del periodo que los hizo famosos, Bonnie Tyler nunca renegó de aquella imagen.
«Nunca me canso de cantarla», dijo en una entrevista.
Entre los muchos homenajes que han llegado en las últimas horas, uno de los más emotivos ha sido el de Catherine Zeta-Jones, prima de Robert Sullivan. La actriz recordó la capacidad de Bonnie Tyler para hacer reír a cualquiera que estuviera cerca de ella y evocó la víspera de su boda, cuando la cantante tomó el micrófono y no dejó de cantar ni de animar la fiesta durante toda la noche.
Total Eclipse of the Heart seguirá siendo para siempre una puerta abierta al recuerdo de Bonnie Tyler. Un recuerdo que, desde hoy, será inevitablemente un poco más triste.