Las velas (y los candelabros) vuelven a estar de moda

La vela pasó por una época oscura, reducida a un recuerdo nostálgico. Ahora su luz ha vuelto, y con ella el diseño de lo que la sostiene.

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En las pizzerías de antes casi siempre había una botella de vino vacía en el mostrador. Parecía llevar allí décadas, cubierta de cera derramada y con una vela consumida encima. Esa vieja botella decía algo del lugar sin usar palabras. Luego desaparecieron las botellas y las velas, para dejar paso a estéticas más instagrameables.Pero las velas y los candelabros están volviendo. The New York Times lo escribió hace unos meses, describiendo cómo los restaurantes americanos están abandonando progresivamente los LED fríos para redescubrir la llama. No es solo nostalgia: la luz de las velas hace algo que ningún sistema de iluminación puede replicar. Las velas tiemblan, respiran, cambian, se consumen: hay algo profundamente humano en ellas. En el Ulysses' Folk House de Manhattan, sesenta velas votivas convierten cada noche el local en algo parecido a un pub irlandés del siglo XIX. En el Cento Raw Bar de Los Ángeles, treinta velas finas proyectan un resplandor sobre paredes blancas y cavernosas.

El candelabro no es un detalle

Llevar una vela a casa es fácil. Sostenerla bien y sacarle partido es otra cosa. La botella de vino era un recurso improvisado, un recipiente accidental que con el tiempo se convirtió en símbolo involuntario de una cierta forma de estar juntos. Un candelabro de diseño es otra cosa: un objeto con una forma pensada, un peso, una presencia. Añade un tono al espacio en el que vive, incluso cuando la vela está apagada.

Un portavelas de pared de diseño escandinavo

Acero con recubrimiento en polvo, tres colores mate (beige, azul cobalto, lavanda), una forma discreta pero con personalidad. Mide 25 cm de altura y tiene una proyección mínima que no impone su presencia. No hace falta estantería ni mesa: solo una pared. Es el tipo de objeto que funciona en una terraza, en una pared exterior o en la penumbra de una cocina veraniega. El diseño viene directamente de Copenhague, y este portavelas de pared está hecho para durar: el acero con recubrimiento en polvo es un material resistente y versátil que no se corroe, no se destiñe y no se astilla. El acabado es liso y uniforme, fácil de limpiar y que mantiene su aspecto con el tiempo.

Cosy Up wall candle holder

Un candelabro versátil y decorativo

El Ray Candle Holder funciona al revés. Bajo, horizontal, apoyado sobre una superficie. Solo 3,2 cm de altura y 15 cm de longitud. La forma es gráfica, casi escultórica, y las combinaciones de color, mint con gris y burdeos, rosa con tomate, hacen que funcione también como objeto de still life cuando no hay vela encendida. Está pensado para posarse en una superficie y formar parte de una composición, no para perderse entre los vasos.

Ray Candle Holder

En verano, especialmente en verano

Hay un prejuicio sobre las velas: que son cosa de invierno. Mantas, infusiones, lluvia en la ventana. Pero quien vive en climas cálidos sabe que el verano le da a las velas una razón más para existir. El calor amplifica los aromas: una vela pequeña en un espacio grande se percibe con más intensidad que en otoño. Y luego está el argumento práctico, el que convierte un objeto estético en algo genuinamente útil en exteriores: las velas antimosquitos.Las velas de citronela funcionan enmascarando las señales que atraen a los mosquitos, dióxido de carbono y ácido láctico principalmente. El aceite de citronela está reconocido como seguro para personas y animales, y su aroma cítrico no resulta invasivo. El eucalipto, la lavanda y el aceite de pachulí funcionan bien junto a él. Una vela antimosquitos en la mesa de una terraza no es solo un repelente: también es luz y fragancia.